sábado, 2 de junio de 2007

Chefchauen, la ciudad azul





Para todos los chunchos que puedan estar leyendo esto, les comunico que la ciudad azul sí existe, pero no es precisamente la que planeó el Dr Orozco. Este es un pueblo de unos 20 mil habitantes, que por disposición municipial decidieron pintar todas las casas azules (celestes) con blanco.



Es una típica ciudad marroquí, teniendo todo lo usual de estas ciudades: una Kassba, una plaza central, varias mesquitas y una medina de tamaño normal, en la cual uno no se logra perder. Los vendedores son bastante ladillas, pero muchísimo menos que en Fes o Tanger (en Oujda no hay vendedores pues el único turista en años debí haber sido yo). El tamaño manejable de la ciudad la hace muy agradable. Además, los precios permitieron que, por primera vez en el viaje, me quedara en un hotel , con cama matrimonial, TV color satelital (pero en frances), baño en suite, y una espectacular vista a las montañas del Rif* desde mi ventana. Todo eso por la ridícula suma de 8 lucas chilenas. También me di el lujo de ir a los restaurantes más exclusivos del pueblo, ubicados en la plaza Uta-El-hammam, pedir los mejores platos y solo desembolasr la suma de $3.500. Me sentí como el rey del lugar.
Recorrí las calles, subí hasta la cascada, vi los telares y los talleres de artesanía. Hasta me compre una manta de hilo de oveja bien bonito por 3 lucas. No se q voy a hacer con esa custión en la mochila, pero nunca se sabe donde me puede pillar la noche!



En todo caso, el momento top fue mi entrada al Hammam, mejor conocido como baño turco. Figuraba yo, en mis boxers, metido en una sala gigante, completamente solo, donde había una llave por la cual salía agua hirviendo. El tipo me pasó 2 chalas plásticas (que probablemente llevaban años siendo usadas por los Chefcahuinos) y 2 baldes. Ahí estaba yo, lavándome a medida q se iba llenando el hammam de niños, viejos y jóvenes. Era como el lugar de reunión ya que todos conversaban entre ellos sobre las cosas del día (o algo así yo cacho, pues de árabe no le hago mucho). De pronto, llegan a ofrecerme masajes. Yo me dije que si ya estaba ahí, en el medio de Marruecos, en un hammam, metido en el medio de la medina de Checfchauen, estaba obligado a decir que sí. Obviamente los masajes no los daba Helga, la escotada y curvilínea escandinava; sino que Ahmed el deslavado y famélico masajista local, que tenía un aire bastante potente a Don Ramón, pero con una ponchera grandiosa.
El masaje consistía en frotar el cuerpo con un calcetín rugoso (tipo lija) que seguramente también llevaba varios años prestando servicios en ese lugar. El tipo me dice que me acueste en el suelo del baño, en el lugar donde todos mis compañeros de hammam habían pisado, revolcado y sentado con su tan sentadora ropa interior marroquí. Al final le hice caso y fui víctima de la suave violencia de Ahmed, quien me descueró con su lija, luego me hizo contorsiones articulares imposibles y al final me tiró un balde con agua casi fría. La verdad es que hubo partes bastante dolorosas, que no disfrute totalmente, pero una vez terminado, el estado de relajación y bienestar era absoluto. Después de eso no quedaba más que vestirse e ir de vuelta al hotel a depositarse sobre la cama, para esperar el nuevo día.
Antes de terminar, sólo 2 frases que escuché que me llamaron la atención:
1.- Cuando fui a comprar la manta, el tipo me pide 180 y yo le ofrezco 50 dirham. El me mmira y me dice "Tu no viniste a comprar, viniste a vender..."
2.- Mi guía por Chefchauen, mientras hablábamos de religión me dice que Alá es el ser más rico y generoso, pues toda la tierra es de él, pero él nos permite vivir ahí, tomar de su agua y comer de sus frutas y admirar sus bellezas. Lo encontré un concepto teológico interesante, lo agradecido que él estaba de que Alá le permitiera vivir en su casa.
3.- Y lo m'as ins'olito fue el estar caminando por el mirador de Chefchauen y pasar por un taller mec'anico desde donde se escuchaba de fondo un reggaeton y a un marroqui del terror, cantando "La Gasolina" en arabe... ufff!

Al siguiente dia fue el tiempo de volver a Europa. Tome un bus de Chefchauen a Tanger, donde el olor a especias del oriente tambien se hizo notar. Una vez en Tanger (puerto que une Marruecos con Espanha) fue imposible irme sin un pequeño tour en camello. Noten en la foto la altura del animalito. Si yo mido como 1,85m imagínense lo alto que se puede llegar a estar!!!!


Bueno... creo que ya es hora de volver a España, tomando en cuenta que aún conservo mís córneas y mis pertenencias. Hasta la próxima!

*: Marruecos es un país largo que está atravesado por 4 cordondes montañosos que van de este a oeste. De norte a sur son el Rif, el Atlas Medio, el Gran Atlas y el Antiatlas. Es en estos últimos donde se filmó Babel. En el Rif, que es donde yo estaba, hay vegetación por doquier. Es como estar en el Cajón del Maipo. Debo agregar que es el epicentro del hachís en Marruecos, así que no había esquina en la cual no me ofrecieran una probadita del producto local.

3 comentarios:

Piculazo dijo...

Loco...... este pueblo es el ideal pa monipides!!!!

miguel pacheco dijo...

miguel
Espero que te hayas desinfectado despues de haber estado en la ciudad azul
cariños el papa

Mapache dijo...

Lo peor de todo es q parece que en India a Jodhpur tambien la llaman la ciudad azul...