Sus exteriores son como el de un castillo más, pero está rodeado de jardines, de una simetría y belleza impresionante. Además queda en lo alto de un cerro, por lo que la vista de Granada es maravillosa. Los jardines, flanqueados por enormes cedros, están llenos de flores (principalmente arrayán) que expelen un olor exquisito. Si a esto uno les suma el suave sonido de las fuentes de agua, se convierte en una experiencia casi mágica.
Luego uno entra a visitar el Palacio de los Nazarines (dinastía de los Sultanes reinantes q construyeron este lugar). El exterior no sobresale para nada, pero el interior es algo que no se puede creer. Hay muchos salones, algunos más decorados que otros, pero por ejemplo la Sala del Trono, es un lugar donde no queda ni un milímetro sin un adorno o decoración. Hasta el último milímetro está tallado, pintado o adornado con algo. Causa un impacto a la vista estas columnas, paredes y cúpulas recargadas de miles de colores y figuras distintas. Hay que estar ahí para poder dimensionarlo y disfrutarlo. Creo que las palabras siempre serán pocas.
Por supuesto que hay más jardines interiores, simétricos y perfectos, con un manejo del agua muy sutil, pero a la vez intenso. Es un edificio como pocos deben haber en el mundo.
De nada sirve leer las descripciones de otras personas o los relatos de un libro antes de ir a visitarla. Nada lo prepara a uno ante este derroche de genialidad y armonía estética de este lugar, del cual se dice que es la más bella expresión del arte y arquitectura islámica en España.
Creo, sinceramente que mi viaje a Granada está más que pagado con mi visita a la Alhambra... y Ole!
1 comentario:
lindo condoro...menos mal q no te pasó nada grave.pero qué hiciste?? y a dónde llegaste?
Cuentame
Chao y cuidate
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